El sábado 14 de octubre organizó la asociación Funerarte una visita al cementerio Sacramental de San Justo, la propuesta era recorrer los enterramientos de algunos hombres y mujeres de letras que allí fueron enterrados. De salida, era una incógnita a quiénes íbamos a ver. En este cementerio es sabido que están Larra, Campoamor y muchos otros célebres literatos. No desvelaré los nombres de todos los que visitamos, para guardar la sorpresa a futuros visitantes, pero he elegido a tres y hablaré brevemente de lo que ese día nos contaron…
A las once de la mañana ya estábamos en el punto de reunión y habíamos conocido a Paloma y Ainara, organizadoras del evento y nuestras guías para el recorrido. Al iniciarlo ya nos advirtieron que en esa visita había una sorpresa y esta no se hizo esperar. La primera parada fue en el patio de Santa Cruz y allí conocimos a Almudena, hija del escritor, dramaturgo y guionista Alfonso Paso.
Almudena evocó a su padre y los recuerdos familiares que siguen vivos en ella, pero también nos habló del escritor, de sus logros, de su forma de trabajar, del enorme éxito que tuvo en vida, del cariño que se le tiene en distintos países de América y del olvido tan inexplicable a que está sometido en España. Fue realmente una muy agradable sorpresa.
Seguimos nuestro recorrido en una mañana que empezó fría y nublada, pero que fue caldeándose conforme conocíamos interioridades de algunos habitantes de la Sacramental de San Justo, un cementerio que se inauguró en 1847 y que, a pesar del daño que causó en él la Guerra Civil, está considerado un museo del Romanticismo al aire libre. Los comentarios de Paloma y Ainara llenaban de vida el silencio eterno que allí se respira.
Otro momento destacado de la visita fue cuando llegamos a una vieja tumba cubierta por una loza enmohecida. Ainara empezó a leer: “Aquí yació…” ¿Yació? Entonces, ya no yace… Pues no, ya no esta allí, se trata de la que fuera sepultura de José Zorrilla, autor de “Don Juan Tenorio” que murió en Madrid el 23 de enero de 1893 y que tres años después fue trasladado a Valladolid. A pesar de eso el cementerio mantuvo allí su tumba o, mejor dicho, su cenotafio. Nos enteramos también de algunas de sus correrías tanto siendo autor famoso, como del momento en que se dio a conocer a la élite de escritores, precisamente en un entierro, el de Larra.
Otro momento para mi inolvidable y que será el último que desvele, ocurrió junto a la tumba de Elena Fortún, una mujer que conoció el éxito como escritora, fue libre, se casó y tuvo dos hijos, pero vio como toda esa vida desaparecía llenándola de tristeza, hasta que años más tarde, ya cerca de su final, puedo encontrar un nuevo amor… Para conocer mejor a esta escritora recomiendo asistir a la próxima visita que organicen, porque se aprende a querer a Elena Fortún cuando habla de ella Paloma, que siente una gran pasión por la creadora de las novelas de Celia. Una visita muy enriquecedora a este lugar casi oculto de Madrid, pero que gracias a Funerarte ahora conozco un poco mejor.

