En Madrid es fácil perderse, lo que no es tan habitual es que alguien que está perdido pueda verse reflejado en un cuadro que hace años alguien olvido…
A mediados de enero (de 2024), más concretamente el domingo 21, volví a visitar el Rastro, llevaba años sin ir y esa mañana cogí el metro para llegar hasta La Latina a las 9 de la mañana. Hacía un frío muy intenso, pero allí estaban acomodándose cientos de personas con la intención de vender y combatir la temperatura con euros en el bolsillo.
En mi recorrido me topé con una librería en la que ya no caben más libros y quise entrar, pero no fue necesario, en la misma puerta me llamó un libro que me recordó a mi abuela y por un euro pude guardarlo en la mochila.
Quizá fue ese libro el que alimentó un pensamiento: “las personas, cuando ya no están, pueden seguir estando”. Aunque puede que esa idea solo fuera producto del frío intenso que sentía. Me refugié en un bar para entrar en calor y al volver a las calles supe la verdad: ella me estaba observando. Llevaba tiempo haciéndolo me había estado observando toda la mañana, pero el frío me había impedido darme cuenta. Ahora la vi, llevaba un vestido veraniego y una mirada ausente en la que nadie reparaba. Aquellas calles estaban llenas de recuerdos de personas que quizá fueron importantes, pero sus descendientes ya las habían olvidado.
Y allí están, soñando encontrar a alguien que repare en ellos. Sin embargo, entre tanto olvido, para mí solo destacaba ella.
Una mujer que quizá fue importante en su momento, pero con una mirada lejana. Sus ojos dejaban ver un cargamento de frustraciones o quizá una carencia de emociones…

Intercambiamos miradas de comprensión porque compartíamos abandono, soledad y quizá también algo de frío. Ella estaba atrapada en un cuadro que en su momento quiso ser un homenaje, pero que ahora solo era una prisión. Me compadecí de esa mujer que llevará años rodando por distintas calles o siempre en la misma y, avergonzado, me alejé de ella. Me hubiera gustado rescatarla de su olvido, pero quién soy yo para salvar a nadie si ando perdido en mi propio olvido.
