Este año no voy a tener vacaciones, podría decir que no estoy cansado, pero estaría mintiendo. Y yo me pregunto: ¿por qué estamos tan cansados?
Vivimos en un mundo lleno de comodidades, tenemos todos los recursos posibles para hacernos la vida más fácil y, a pesar de eso, estamos cansados. Tenemos vehículos que nos llevan y nos traen para no tener que andar, tenemos lavadoras, lavavajillas, aspiradoras, batidoras y una interminable relación de aparatos que solo buscan hacernos la vida más fácil, pero por lo que se ve no lo consiguen.
Tenemos ordenadores, aplicaciones e inteligencias varias a nuestro servicio para que todos los problemas se resuelvan con facilidad, pero cada vez nuestra vida es más rara y compleja.
Es curioso, pero parece que cuanto más fácil se pone todo, más difícil resulta.
Recuerdo la vida de mi madre y de mi padre. Nada fue sencillo para ellos y, sin embargo, nada les pesaba. Nunca tuvieron vacaciones y nunca los escuché quejarse. Trabajaron sin parar mientras las fuerzas los acompañaron y cuando ya no pudieron más, dejaron tranquilamente que el tiempo se les agotara sin emitir ni una sola queja. Realmente maravilloso.
Ahora queremos trabajar menos y ganar más, y con ello conseguimos cansarnos y endeudarnos. Todo cuesta más de lo que tenemos y nos agota mucho más de lo que podemos, porque hasta el descanso nos cansa y a la vuelta de vacaciones estamos más cansados que antes de empezarlas.
Yo este año no tengo vacaciones, no puedo permitírmelas. Estoy buscando el equilibrio personal y poniendo orden en mi vida. Es una actividad interior que me ocupa todas las horas del día y de la noche. Llevo así ya casi un año y estoy cansado, pero, curiosamente, cuantas menos tengo, con más fuerzas me encuentro.
