En las afueras de Segovia hay una iglesia, ermita la llaman otros, que durante siglos ha ocupado un lugar en la historia y sigue estando llena de presente, de futuro y de leyendas. Es la iglesia de la Vera Cruz, antiguamente conocida como del Santo Sepulcro.

En abril de 2022 visité la iglesia, coincidió con un Viernes Santo, día en que la Orden de Malta celebra allí sus actos más representativos. No hay duda de que esta iglesia es un lugar muy especial sobre el que recaen muchas leyendas. Esto nos hace rememorar la tradición que decía que la iglesia fue construida por los Templarios y que algunos de los miembros de la Orden están enterrados allí junto con grandes tesoros. Aunque dice la leyenda que si alguien intentara desenterrarlos sufriría graves consecuencias como la que, al parecer, sufren los grajos. Según se cuenta, allí murió un caballero Templario y sus restos se velaron en el templo. En un descuido unos grajos atacaron el cadáver. El prior de la Orden espantó a las aves y las maldijo por lo que habían hecho. Dicen que desde entonces no se han vuelto a ver por la zona. La verdad es que en mi visita no vi ninguna.

La iglesia de la Vera Cruz está en el barrio de San Marcos en la carretera de Zamarramala, localidad de la que fue iglesia parroquial durante siglos. Es de estilo románico y fue construida antes de 1208 por los Templarios (según unas fuentes) o por la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén (según otras). En 1216 el Papa Honorio III le concedió un trozo de la Cruz de Cristo, el Lignum Crucis, como reliquia y de ahí su nombre actual de la Vera Cruz.

En 1692 se construye la iglesia de Zamarramala qué pasó a ser parroquia de la localidad. La iglesia De la Vera Cruz en 1836 fue subastada durante la desamortización de Mendizabal y sus propietarios la usaron como pajar durante muchos años. A principios del siglo XX volvió a ser dedicada al culto y en 1951 tomó posesiones de ella la orden de San Juan de Jerusalén que se encarga en la actualidad de su cuidado. Fue declarada monumento nacional en 1919 y está catalogada como Bien de Interés Cultural.

Es un lugar que no deja indiferente a nadie y al cual volveré en cuanto pueda, que espero que sea pronto.

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