Antes, a la televisión se le llamaba la caja tonta, hoy sabemos que ni es una caja ni mucho menos tonta y, lo queramos o no, es una ventana al mundo que nos sirve para aprender. Otra cosa muy distinta será saber qué aprendemos viendo la tele…
Las personas somos animales sociales, el grupo es importante y nos condiciona en nuestra vida, sin embargo, no vivimos de forma comunitaria y hay poca relación entre vecinos o iguales. Por otra parte, existe el efecto imitación que la psicología estudia como el comportamiento mediante el cual una persona de forma consciente o inconsciente imita los gestos, patrones de habla o actitudes de otra(s) persona(s). La televisión, como medio mayoritario, es la que nos proporciona información sobre el grupo al que pertenecemos o nos gustaría pertenecer y nos enseña a pensar, opinar y comportarnos socialmente. Quienes trabajan en televisión no suelen ser conscientes de esto y aplauden actitudes o propagan valores no siempre adecuados.
Dejando de lado los programas puramente formativos, culturales o informativos, me centraré en lo que es el entretenimiento, algo que aparentemente está muy lejano del aprendizaje, pero de los que aprendemos muchas cosas. Por ejemplo, en un dating o programa para buscar pareja, los espectadores conocen la vida de esas personas que están solas y los posibles motivos que los han llevado a esa situación. Gracias a eso se pueden sentir identificados o, simplemente, aprender de sus errores para no cometerlos. Todos conocemos First dates en donde cada día unas diez personas cuentan sus vivencias a sus citas, pero no hay que olvidar que los espectadores se enteran de todas.
En los concursos televisivos encuentran muchas personas un método para pensar, hacer cálculos o recordar acontecimientos y conceptos que tenían casi olvidados y gracias a eso ejercitan su mente o se motivan para realizar otras actividades.
En los realities es fácil aprender sobre el comportamiento humano. Los espectadores pueden ver los múltiples enfrentamientos que se producen, bien por roces en la convivencia o por la falta de recursos básicos a los que los programas someten a sus participantes.
En un magazín, en su sección de corazón, se ven y aprenden comportamientos humanos, desde los más elegantes y solidarios hasta los que traicionan a sus parejas, hijos, madres, padres o quien se ponga por delante. También son una fuente de información y formación sobre modas y estilos. En las secciones de actualidad o sucesos están reflejados los peores ejemplos de la condición humana. Este tipo de programas también tienen secciones dedicadas a cuestiones más básicas como la salud, la alimentación etc. En ellas se pueden aprender desde remedios básicos hasta soluciones para quitar manchas, hablar con adolescentes o preparar un plato típico.
En los programas de viajes una persona o grupo transmite a los espectadores conocimientos sobre un lugar concreto, desde su historia y tradiciones hasta sus modas más actuales. Un espectador puede sentir que conoce ese país gracias al programa que ha visto.
Está claro que la televisión, lo queramos o no, es una fuente de información y formación para muchas personas, por eso, resulta incomprensible que no haya una adecuada interpretación de los contenidos. Por ejemplo, bromear sobre drogas no es ninguna broma. No se trata de censurar, pero sí de controlar el mensaje. En televisión nada es inocuo o inocente, todos los contenidos envían un mensaje y es fundamental que todo el mundo sea consciente de su importancia, por el bien de todos.
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para conocer muchos de los secretos de la televisión, hay que conocerla por dentro, y para eso nada mejor que leer Guía de guion, un manual con el que encontrar el camino de éxito.
