Sandra Barneda le dice a un participante de su programa: “Montoya, por favor” y esas palabras tan simples se hacen virales y, además, encierran un mensaje que habla de nuestro tiempo y de los valores que triunfan…

En La isla de las Tentaciones, después de ocho temporadas, parecía que ya no habría sorpresas y de pronto una frase llega a todos los rincones del planeta. Hay quienes critican los métodos del programa, pero (según lo veo) es un contenido perfecto, porque cumple con lo que promete a sus espectadores. La isla de las tentaciones ha conseguido (siempre lo consigue) tentar a los participantes para que cometan infidelidades. La tentación también incluye a su pareja, hasta ahí perfecto, es el objetivo del programa tentar y provocar reacciones.

Al ver el corte he observado que el tal Montoya ya sabía o intuía que su pareja le había sido infiel, lo que le desquicia en principio es la justificación que escucha por parte de ella. Minutos después Montoya ya explota al ver un nuevo intento de infidelidad. Evidentemente el programa ha provocado que eso ocurra, pero nadie se puede escandalizar, se trata del programa de las tentaciones e inducir es una forma de tentar, lo dice hasta la RAE en su tercera acepción.

La presentadora intenta que Montoya mantenga la calma, pero el programa tiene montado un dispositivo para seguirlo en caso de que pierda los nervios, como así ocurre. Entonces es cuando la presentadora le dice: Montoya, por favor.

Yo aquí le hubiera dicho: Montoya, ¿qué esperabas? Te vas a una isla con tu pareja y allí os dejáis seducir por lujos y placeres que están por encima de vuestras posibilidades. Montoya, ¿creías que era gratis? No, tienes que pagar y el precio son tus sentimientos y tu dignidad.

Sin embargo, sé que si yo le hiciera esa preguntara, la respuesta sería evidente: esperaba lo que ha conseguido, que se hable de él. El siguiente paso será la fama y el dinero al participar en otros programas…

Montoya, por favor.

carlosTMzeta