Me gusta salir a pasear. En mis paseos el entorno importa, pero no es lo más importante. Mientras ando visito lugares que hay en mí, porque pasear es una estupenda excusa para recordar y enjuiciar mi vida.
Para conocer lo desconocido que hay en mí no necesito mucho, más bien no necesito nada, solo tranquilidad. Lo primero es acallar el ruido de las noticias, luego apagar el amplificador de las necesidades y, por último, detener el ventilador de odios y reproches. Eso puedo hacerlo mientras paseo o, simplemente, quedándome en casa. Desde mi salón es fácil autoexplorar(me) y moverme en presente o pasado. Recordarme cómo era y cómo he cambiado. Reflexionar sobre los aciertos y los errores que he cometido, y los que sigo cometiendo, porque todos nos equivocamos (alguien dijo que el problema no es equivocarse, es no saber reconocerlo). Esa es la dificultad. A veces caminas por un recuerdo que crees trillado y de pronto aparece una imagen, una mirada, un reproche velado (o descarnado) y lo que era una sonrisa se vuelve mueca de dolor. De manera cruel y repentina recuerdas lo que no querías recordar, pero si lo asumes, ese recuerdo te fortalece, porque te recuerda que no eres tan cómo crees que eres… En otros momentos la sorpresa es positiva y te reconcilias contigo mismo y con la humanidad y recuerdas el sabor dulce de un beso lejano o se te eriza la piel al recordar aquella sonrisa de ilusión que te dedicaron o que dedicaste.
Si estás leyendo estas palabras, tú también estás capacitado para dar tu propio paseo, solo tienes que querer adentrarte en tus profundidades y no tener miedo a lo que puedas encontrar, porque sea lo que sea, también es parte de ti y hasta que no lo (re)conozcas no lo puedes controlar… Lo fundamental es descubrir que pasear por tu interior te ayuda a aprender de ti y gracias a eso puedes ser mejor persona. Puedes entender a los demás al tiempo que te entiendes a ti mismo. Y descubrir que muchas de las respuestas que necesitas ya las conoces.
Pasear por tu vida es apasionante ya que nunca sabes qué vas a encontrar, aunque creas conocer todos tus secretos. Y si, además, mientras paseas, la tarde te sorprende con un atardecer, seguro que valoras más la suerte que tenemos de poder pasear y recordar.
