y televisión.
Las emociones se transmiten perfectamente a través de la imagen, algo que la ficción sabe explorar y rentabilizar, sin embargo, la televisión no lo tiene tan claro y, en ocasiones, la falta de emociones en un programa puede provocar la indiferencia de los espectadores.
Según el coach ontológico Julio Olalla una emoción es un intento del alma por lograr algo concreto. Afirma que no se puede comunicar desde la indiferencia, por lo que la emoción es un factor determinante en el entretenimiento. El cine, sobre todo el de Hollywood, lleva décadas aplicando la fórmula de la emocionalidad a las películas y con “Inside out” (Del revés) en 2015, alcanzó quizá su punto culminante, al emocionar a los espectadores con tramas protagonizadas por emociones humanas.
En ocasiones está confusa la diferencia entre emoción y sentimiento. Una emoción es una reacción instantánea e involuntaria ante un hecho visto o vivido, mientras que un sentimiento es un estado mental mucho más estable y duradero en el tiempo. El deporte vive de las emociones, nos alegramos automáticamente cuando alguien gana y nos entristecemos cuando llora al perder. También, inevitablemente, la ira nos asalta si creemos que una injusticia ha causado la derrota de nuestro favorito.
En 1972 el psicólogo estadounidense Paul Ekman estableció las que para él eran las seis emociones básicas de los humanos: sorpresa, asco, tristeza, ira, miedo y alegría. En un primer vistazo sobre estas emociones y pensando en la televisión, recordamos el mítico programa de Giorgio Aresu e Isabel Gemio para Antena 3 que se llamó “Sorpresa, sorpresa”* y que consiguió sorprender a todo el mundo en su momento. Los elementos con los que cuenta un programa para generar emociones son su presentador-a y sus invitados-as, así como, el resto de sus contenidos. Si la combinación de estos genera emociones, los espectadores las vivirán y el éxito estará asegurado…
Al llegar a este punto, alguien puede pensar que, si la fórmula es tan fácil, por qué no la ponen en práctica todos los programas… Bueno, quien haya trabajado en la tele ya sabe que es complicado generar emociones sinceras en un programa y más difícil todavía es que los espectadores las vivan como propias. El programa “Sorpresa, sorpresa” en 1996-97 fue un éxito absoluto, sin embargo, en siguientes temporadas fue perdiendo impacto, e incluso hubo otros intentos posteriores de emularlo que no fueron tan exitosos…

No todas las personas interpretamos las emociones de la misma manera e incluso puede que algunas, al buscarlas, encuentren emociones con las que no contaba. También hay casos en los que se intenta provocar emociones de forma artificial, pero si el espectador no percibe sinceridad en el origen de la emoción, esta no se transmite. Por otra parte, hay personas que no creen en el valor de la emoción y prefieren trabajar solo en el ámbito racional, sin duda piensan que la emoción quita valor a la razón. Esta opinión es tan válida como cualquier otra, sin embargo, en ocasiones provoca que haya programas donde prima la cantidad de invitados sobre su emotividad.
Emocionar a través de un programa de televisión no es fácil, lo sé, pero hay bastantes que lo consiguen, incluso que llevan años consiguiéndolo. Hay programas que provocan alegría, tristeza, miedo, ira y hasta asco… No hace falta que sea un gran formato con muchos millones en juego (aunque eso siempre ayuda), puede tratarse de un programa pequeño y aparentemente simple, pero con una carga emocional real y con unas pautas que lleguen con claridad al espectador. La clave, por tanto, está en el formato y en el uso inteligente (y moderado) que se haga de las emociones. Como en muchas cuestiones de la vida, es importante contar con la experiencia que aporten las personas que trabajan en ese programa y, por supuesto, con su inteligencia emocional.
Las imágenes de «Sorpresa sorpresa» están sacadas del blog «Carta de ajuste» (¡Gracias!). Este es el enlace a la entrada dedicada al programa: https://carta-de-ajuste.blogspot.com/2013/09/sorpresa-sorpresa-con-concha-velasco.html
*Dejo aquí un vídeo que he encontrado de la cabecera de «Sorpresa, sorpresa», en él se ve cómo muchas de las personas que están en el público ya lo viven con emoción y es que van a verlo en directo e incluso sospechan que también pueden ser protagonistas del programa… El vídeo incluye otra sorpresa: algunos de los créditos de la época.
