En televisión hay un género infravalorado, pero que, en mi opinión, encierra un gran potencial. Se trata del ‘talkshow’ de silla con presentador-a de pie. En España se le llamó “testimonios” un nombre claro y contundente que también ha sufrido a lo largo de los años el desprecio y la burla de algunos.

Yo fui redactor de testimonios en 1996 en un programa de Canal Sur. Empezamos casi al mismo que “El programa de Ana” en Telecinco, un formato que ya llevaba tiempo funcionando en Telemadrid.

En Andalucía, conseguimos muy buenos datos de audiencia (inimaginables hoy día). Jesús Hermida, directivo de Antena 3 en aquel momento, encargó a Martingala que hiciera un programa similar para sus tardes y contrato a Ana Rosa Quintana para presentarlo.

Efectivamente, el programa en el que yo trabajaba en Canal Sur era un magazín de tarde que se llamó “De tarde en tarde” presentado por Irma Soriano y los testimonios, en principio, solo eran una sección semanal que en poco tiempo ya fue diaria y que llegaría a ocupar más de la mitad de los contenidos del programa.

Como redactor fue un trabajo duro y emocionalmente complicado por los casos tan difíciles que tratábamos. En aquel momento (ya) había mucha soledad e incomunicación, eran muchísimas las personas que necesitaban que alguien las escuchara bien por los sufrimientos que habían padecido o por el ejemplo de superación que con sus experiencias podían dar.

El ‘talkshow’ clásico tiene, a mi manera de ver, tres aspectos positivos y uno negativo. Este último es evidente, se hace un show, un espectáculo, basado en los sentimientos y experiencias de las personas. Eso está claro y si está mal gestionado por parte de la cadena o la productora, puede llegar a ser muy negativo, sin embargo, si se gestiona bien, el ‘talk’ también tiene aspectos positivos.

De cara a las productoras y las cadenas lo mejor es su precio, suelen ser contenidos muy económicos. En Castilla La Mancha TV también trabajé en una redacción de testimonios y había ocasiones en las que la productora traía a los invitados en autobús… más barato imposible.

Para mí el aspecto más importante es que personas anónimas y sin posibilidad de acceder a los medios de comunicación puede hacer uso de estos y expresarse en público, con el efecto sanador que eso puede producir.

Otro aspecto muy positivo es el de que los espectadores reciben información sobre otras vidas, con sus aciertos y errores. Esas experiencias pueden servir como modelos de comportamiento, algo muy necesario hoy día en el que todos estamos en soledad permanente y con escasez de modelos positivos a nuestro alrededor.

Estos programas cayeron en desgracia durante la primera década de este siglo, seguramente porque se hizo de ellos un uso abusivo y, en algunos casos, se traicionó la confianza de los espectadores. Sin embargo, creo que un programa serio y riguroso que en la actualidad hiciera un ‘talk’ honesto, tendría su hueco en la parrilla. Estoy seguro.

carlosTMzeta

*Entrada relacionada: El guion de un talkshow

para conocer muchos de los secretos de la televisión, hay que conocerla por dentro, y para eso nada mejor que leer Guía de guion, un manual con el que encontrar el camino de éxito.