El miércoles 25 de marzo de 2026 un programa de televisión emitió una entrevista con una joven que estaba cerca de terminar su vida. Ese momento televisivo fue impactante y no tengo dudas de que, de no haber existido, la trascendencia del caso no hubiera sido tan alta.  Sin embargo, eso mismo me hace plantear tres preguntas:

1- ¿Tenemos derecho a opinar sobre el dolor de otra persona?

2- ¿Noelia quería contar públicamente su vida o alguien la animó a hacerlo?

3- ¿Alguna persona ha obtenido un beneficio económico extra con la emisión de este sufrimiento?

La televisión tiene mucho poder, pero, a veces, creo que no es consciente de la responsabilidad que eso conlleva. En mi opinión, la grabación de esa entrevista es un documento excepcional que puede ayudar a la búsqueda de soluciones de salud mental para otras personas. Sin embargo, la exposición pública de la misma la convierte en parte de un espectáculo y, me temo que también, en modelo para futuros casos.

Los contenidos audiovisuales son algo muy serio y antes de una emisión hay que evaluar todas las consecuencias.

*imagen de portada extraída del Canal 24 horas de RTVE.

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