La televisión, al igual que otros medios de comunicación y entretenimiento, se hace para agradar a los espectadores, pero no siempre es fácil llegar a ellos y saber si realmente nuestro programa hubiera triunfado en audiencia.

Pongámonos en el mejor de los casos, y ese formato gusta en la productora y en la cadena, pero previamente ha pasado por tantas manos y tantas personas han podido volcar en él sus miedos, frustraciones, caprichos, devociones… Cada una de esas personas habrá podido influir en el contenido e introducir cambios en el formato que lo habrán podido mejorar, o desvirtuar, de tal forma que cuando llegue al espectador, ya no tenga nada que ver con lo que en origen fue…

Estamos por tanto ante un problema, ¿qué hacer para sortear esos peligros y conseguir que nuestro formato llegue tal cual a los espectadores?

Esta es la pregunta del millón y para responderla hay varias posibles opciones, pero ninguna es fácil ni barata. La primera y más efectiva respuesta que se me ocurre es la de la auto-producción, es decir, producir uno mismo un piloto que muestre el programa tal cual lo queremos hacer. No es barato, lo sé, pero garantiza que el programa se hará como lo imaginó su creador. La otra opción es defenderlo a ‘capa y espada’ y no firmar nada que suponga una merma del poder de decisión de los creadores. No es fácil y puede parecer incluso imposible, pero hay casos en los que se ha conseguido, por tanto, solo hay que intentarlo. El reto siempre es intentarlo.


para conocer muchos de los secretos de la televisión, hay que conocerla por dentro, y para eso nada mejor que leer Guía de guion, un manual con el que encontrar el camino de éxito.